Proverbios 21:2 dice: “Todo camino del hombre es recto ante sus ojos, pero el Señor sondea los corazones”. Definitivamente su luz es la llave que abre el ojo, pues los ojos que miran lo verdadero están en el corazón, lo que sentimos allí como hermoso no necesita filtros ni retoques, ¡es lo que es! La balanza del corazón pesa al desnudo, reconoce el valor de la esencia, lo real, lo óptimo, la contextura de cada sentimiento, desestima el adorno, lo aparente y pasajero. Busca el trigo, no la cáscara, el oro incubado bajo la roca. De modo que cuando uno mira a las personas que ama, quiere o admira, o todas, el rostro no es más que el velo que se echa a un lado para llegar al corazón.
Son para ti, la que dice que nunca estoy, pues si me voy es porque te quedas con Dios...
lunes, 23 de enero de 2017
jueves, 14 de agosto de 2014
¡La llave!
Generalmente caminamos en el espejismo de un prejuicio, sin ver en realidad lo que estamos mirando, sino lo que nos han hecho ver. Hablamos y reaccionamos antes de que alguien termine la frase sólo porque creemos saberlo todo al respecto, porque a nuestros ojos nos creemos correctos, estando cómodamente alineados a los patrones tradicionales.
La verdad es que raramente vemos la vida como es, porque la vemos como somos. De igual manera nuestro concepto de los demás es una fusión de informaciones y apreciaciones incompletas y lejanas a su origen. Su conducta no es su esencia, como tampoco es su todo. Jamás conoceremos el perfil de un corazón excavando en la internet o juzgando una circunstancia. La llave de un corazón, es un oído leal.